Sin ser vistos…

Algunos adolescentes consideran que sus padres/madres ya tienen demasiados problemas: dinero, separaciones, trabajo, otros familiares, etc y no quieren convertirse en uno más. Han dejado de saberse prioritarios. Así que callan y no piden ayuda. 

A veces la ayuda la pide su cuerpo de manera desesperada con ataques de pánico, dolores crónicos variados, insomnios, alteraciones de la conducta alimentaria, cambios drásticos en sus resultados académicos o en su forma de ser. Me gustaría decir que son vistos/as entonces pero no siempre, a menudo necesitan sufrir mucho para que el adulto/a responsable diga: “Aquí estoy. Lo siento mucho, no te vi”.

Desde la adultez se tiende a menospreciar o disminuir la importancia de los síntomas del dolor y la soledad de la niñez y la adolescencia. El “ son cosas de niños” sirve para justificar todo lo que a los adultos no nos parece importante. Así fue cómo nos educaron a nosotros/as.  

 

Nos hemos centrado mucho en los resultados académicos, en asegurarles un buen futuro profesional, en cubrir la parte material y llenarlos de cosas. La parte emocional a veces se queda olvidada. Algunos se están criando solos/as, sin presencia consciente, sin mirada. Sabemos que todo ser humano, tenga la edad que tenga, necesita ser visto.

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