Deseos

Se acerca la Navidad. Lo sé porque mi hija me pregunta qué me gustaría que me regalaran, ella no para de redactar su carta, pedir cosas… Y me sorprendo cuando veo que no deseo nada en especial. O mejor dicho, no necesito “cosas”…

Ahora lo que valoro y necesito es tiempo. Horas vacías en las que perderme, coger un libro, tumbarme a leerlo, rebuscar entre mis recuerdos, entre  mis escritos…salir a pasear, ir a jugar al Paddel sin tener presente la hora, ya que luego tengo que …

Y silencio, por favor.

El silencio es precioso, en él podemos tomar conciencia de lo que nos sucede. Silencio y tiempo nos permiten entrar en contacto con nosotros mismos; quitarnos la máscara, el disfraz y recordar quiénes somos, observar cómo la vida, la rutina nos arrastra y valorar si la vida que llevamos es la vida que deseamos, quisimos, planeamos o soñamos… O tal vez, simplemente, para darnos cuenta cómo nos hemos dejado llevar por la corriente.

La vida no espera: el tiempo se escapa entre las manos, como la arena, como el agua, como todo lo que tiene vida y movimiento. Ese es el único valor para mí, que este momento es único, irrepetible, que todo pasa y ya no vuelve…

Silencio, leer, pasear…

En silencio, puedo escuchar, puedo escucharme.

Silencio, leer, pasear...
Silencio, leer, pasear…
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